El estado de miedo en el periodismo mexicano



 

Mexico City, Mexico  En el periodismo mexicano la tinta segrega un constante olor a muerte, nueve periodistas asesinados en lo que va de 2015 confirman que México es uno de los lugares más peligrosos en todo el planeta para ejercer la profesión, una caja de pandora que esconde las más terribles atrocidades: agresiones, intimidaciones, tortura, desaparición, autocensura y muerte.

Para por Rubén Espinosa Eneas De Troya

Rubén Espinosa

El viernes 31 de julio en la capital del país mataron a Rubén Espinosa, fue encontrado sin vida, con un balazo en la cabeza y escoriaciones en el cuerpo. Rubén Espinosa de 31 años trabajaba como fotógrafo. Poco después de su muerte la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, pidió esclarecer estos actos que clasificó como violencia y tortura. Aquel día nadie supo nada, en México la justicia no es ni rápida ni expedita, fue hasta el domingo dos de agosto, cuando la Fiscalía local informó que en un departamento de la colonia Narvarte, una zona de clase media de la ciudad de México, habían sido asesinadas cinco personas, un periodista y una activista social, entre ellos.

Apenas el nueve de junio, cincuenta y dos días antes de su muerte, Rubén huyó del estado de Veracruz, sus amigos dicen que temía por su vida y que no paraba de mirar hacia todas partes: “Estaba como un soldado en alerta máxima”, cuenta Pedro Canché, otro periodista mexicano de origen maya encarcelado durante nueve meses, acusado de sabotaje por sus denuncias contra el gobierno de Quintana Roo, estado que alberga el centro turístico de Cancún.

Las amenazas hacia Rubén no eran nuevas, en diciembre de 2013 el fotógrafo presentó una denuncia contra los jefes de la policía de Veracruz, por intimidaciones y acoso, así lo recuerda el semanario Proceso, donde el joven colaboraba y desde cuyas páginas, con sus fotografías, encolerizó en más de una ocasión a Javier Duarte, “el señor gobernador”.

“Les tocó a los más jovenes, pero todavia hay rebeldes”

“Ha sido una situación muy triste”, dice la reportera Lourdes López antes de que un llanto intempestivo le corte la voz, “ahora les tocó a los más jóvenes vivir esta situación, y hay desolación, hay miedo, existe un poco la necesidad de replegarse, de empezar a ver que no es tan fácil, pero todavía hay jóvenes rebeldes que se siguen enojando y salen a cubrir las protestas”. Lulú, como le dicen sus compañeros, es reportera desde hace dos décadas en Jalapa, capital de Veracruz, entidad ubicada al oriente de México. Cuenta que en 2012, durante la campaña electoral en la que resultó ganador el actual presidente Enrique Peña Nieto, no tuvo otra opción que exiliarse debido a presiones gubernamentales. La muerte de su abuela la hizo regresar a Jalapa. En la actualidad, aunque ha sido vetada por el gobierno, sigue desarrollando un periodismo crítico.

Bajo Javier Duarte, la situación para la prensa se ha vuelto una encrucijada

En los últimos cinco años, Lourdes López ha visto cómo su estado se convirtió en una de las entidades más violentas y más peligrosas para informar, no sólo en México, sino en todo el mundo. En abril de 2012 ahí mataron a Regina Martínez, corresponsal de Proceso, quien un día antes, había escrito sobre el arresto de nueve policías corruptos en un municipio veracruzano, recuerda la comunicadora.

Entre 2011 y mayo de 2015, además del homicidio de Regina Martínez, la organización internacional para proteger y promover el derecho a la libertad de expresión Artículo 19, reportó en esa misma entidad, el asesinato de diez periodistas más.

La violencia se radicalizó con el ascenso al poder de Javier Duarte

Las cosas se descompusieron en 2011, cuando Javier Duarte, gobernador afiliado al PRI, partido al que pertenece el presidente Enrique Peña Nieto, asumió el poder, aseguran los propios reporteros. Son los comunicadores quienes denuncian una creciente ola de violencia proveniente de “Los Zetas”, uno de los grupos criminales más cruentos y sanguinarios que se han visto en los últimos años en México, debido a su origen militar.

A Javier Duarte lo que le sucedió fue que no manejó las cosas de manera más inteligente, cortó convenios con medios de comunicación, porque le molestan las críticas de los reporteros, dice Jéssica López, periodista veracruzana, radicada en la Ciudad de México. Ella narra cómo la situación se tornó más violenta, no sólo con la llegada de Duarte, sino con la proliferación del crimen organizado. “Los Zetas salieron a escena y nos enteramos que a los migrantes se los llevaban, de repente muchas chavitas empezaron a desaparecer y no sólo mujeres, también a los más jóvenes los secuestraban para obligarlos a trabajar con ellos”.

Goyo fue asesinado, sus restos se encontraron en una fosa clandestina

Conforme ha avanzado el sexenio de Javier Duarte, la situación para la prensa se ha vuelto una encrucijada, donde convergen la complacencia de algunos medios de información con el partido en el gobierno, la autocensura, el miedo, el exilio y finalmente la muerte, como en el caso del periodista free lance Gregorio Jiménez.

La siguiente fotografía, es la portada de la revista Proceso, la fotografía la tomó Rubén Espinosa, él es Javier Duate, fue publicada en Febrero de 2014. Isabel Uribe

Goyo, como era conocido, cobraba un dólar con 15 centavos por nota periodística, se especializó en información policiaca, en la petrolera ciudad de Coatzacoalcos, Veracruz. Lo mataron en febrero de 2014, su cuerpo fue encontrado en una fosa clandestina junto con dos personas más. Las autoridades perfilaron las líneas de investigación hacia su vida personal y entorno domiciliar, nunca se investigó a fondo su labor informativa, a pesar de que en la misma fosa, fueron encontrados los restos de Ernesto Ruiz Guillén, líder de una importante confederación ligada al PRI y cuya privación ilegal había sido denunciada por el reportero. La investigación de la muerte de Goyo dejó muchas dudas.

En México la aplicación de la ley genera suspicacias. No fue distinto con la muerte de Regina Martínez, la fiscalía veracuzana determinó que su homicidio fue producto de un crimen pasional, conclusión oficial que se desvirtuó cuando se dio a conocer que el principal acusado del asesinato, confesó bajo tortura, lo que más tarde derivó en su libertad. Por si no fuera suficiente, el periodista que realizó la cobertura de la muerte de Regina Martínez, para la revista Proceso, Jorge Carrasco, también fue amedrentado por las autoridades veracruzanas.

Cualquiera puede ser la siguiente víctima

El estado de impunidad en México es tan amplio y tan grave que es difícil hablar de amenazas a la prensa sin que ello remita a las autoridades y al crimen organizado. Tan sólo en 2014, de 326 agresiones a periodistas, reportadas por la organización Artículo 19, 156 fueron perpetradas por funcionarios públicos, ocho por el crimen organizado y 52 por particulares y privados.

“En este momento no sé si es el narco o es el narco gobierno, porque el asunto es que pareciera que en el gobierno los tienen de parapeto y anteponen el nombre del crimen organizado, pero pareciera que los que amenazan son ellos”, asevera Lulú, al otro lado del auricular. A lo largo de la entrevista, la reportera de Jalapa rompe en sollozos en tres ocasiones, dice que no tiene miedo, sin embargo los silencios son largos y desoladores porque Lulú, o cualquiera de sus compañeros podrían ser las siguientes víctimas.

Algunos no trabajan mas, porque temen por su vida

Ehécatl Ríos sabe del miedo, lo conoce de cerca, era foto reportero de Veracruz, amigo de Rubén. Lo busque para entrevistarlo, prefirió no hablar, dijo que ya no trabajaba para ningún medio. Teme por su vida, lo ha escrito hasta en el último verso publicado en su blog. “Quiero no creer en el destino, y sé que soy carne fértil para los sicarios, quiero decirme que he vivido, que ya nadie podrá negarlo, pero no quiero contar la historia, de ver cómo se van muriendo mis hermanos, me dicen que si alguien no la dice, todas esas muertes van a ser en vano. Yo no soy Job ni un santo, a duras penas puedo contener el llanto…” No sé si está autoexiliado. Comprendo el dolor y no insisto en entrevistarlo. Me dice que no tiene miedo, que sólo se cuida hasta donde es posible y no por él, sino por las dos o tres personas que ama.

Las agresiones y asesinatos se han elevado en un 80 por ciento

Esta violencia que tiene en entredicho a la libertad de expresión en México, no inició en 2012, si bien las agresiones y asesinatos a comunicadores se han elevado en un 80 por ciento, fue en el año 2000, con la llegada de un gobierno de transición proveniente del Partido Acción Nacional, que el número de homicidios a comunicadores creció.

Con el ex-presidente Felipe Calderón, mandatario que le declaró la guerra al crimen organizado, las cosas empeoraron, sobre todo en el norte del país, donde hasta la fecha se vive un estado de autocensura. En su más reciente informe, dado a conocer en marzo de 2015 “Estado de Censura”, Artículo 19 señala que en México ocurre una agresión cada 26.7 horas contra periodistas: “En México, cada vez que sucede un hecho así decimos que es lo peor que ha ocurrido y no pensamos que puede ocurrir algo peor, y siempre ocurre algo peor, el tema de las agresiones contra la prensa se puso en la agenda porque el asesinato del colega se registró en pleno Distrito Federal”, lamenta Ana Lilia Pérez, reportera y escritora amenazada.

En los últimos 15 años 88 periodistas han sido asesinados

Ana Lilia Pérez, ganadora del premio nacional de periodismo 2008, denunció un entramado de corrupción en la petrolera del estado mexicano Pemex, lo que le valió denuncias y agresiones que han sido documentadas por la informadora. Salió del país en 2012 rumbo a Alemania, allá escribió el libro “Mares de cocaína, las rutas náuticas del narcotráfico.”

En este país, en el que 88 periodistas han sido asesinados en los últimos 15 años, Ana Lilia decidió continuar, apenas regresó a México. No niega que tiene miedo, pero en diciembre de 2014 presentó su nuevo libro en la FIL de Guadalajara, una de las ferias literarias más importantes en todo el mundo. Ella es una reportera, que, como Lulú, han decidido no callar.

Rubén no tuvo la misma oportunidad, la escalinata en la plaza principal de Jalapa donde se sentaba con sus compañeros reporteros, luce vacía, nunca más en aquel lugar se escucharán sus bromas, tampoco su risa ni sus palabras saliendo de un altavoz, manifestándose en contra de las medidas autoritarias del gobierno. Nunca más, porque a Rubén, a Rubén lo mataron.


Published January 2016




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