La Mujer prohibida

El cuerpo femenino como terreno moral



 

Zürich, Switzerland  Durante el siglo XIX muchas mujeres de las clases modestas mejoraban sus escasos ingresos vendiendo ocasionalmente sus cuerpos. Con la propagación de la sífilis, se creó una ley en la Inglaterra victoriana bajo la cual todo agente policial tenía el derecho de obligar a una mujer sospechoza de practicar la prostitución a un reconocimiento médico íntimo, en la presencia de varios hombres y en habitaciones visibles desde el exterior.

A menudo el cuerpo de una mujer no es independiente, si no que representa una ideología, una religión o un ideal de belleza. © Anieke Becker

La defensora de los derechos de las mujeres Josephine Butler cuestionó el uso preventivo de esta ley: “¿ Por qué no son también examinados los hombres que visitan a las prostitutas?”

Juzgadas e interdictas

Efectivamente se trataba menos de prevención y más de degradar a las mujeres que llamaran la atención en la calle con su comportamiento. Este tipo de exámenes son inpensables en nuestro tiempo, pero el principio de utilizar el cuerpo femenino como terreno moral, el cual puede ser juzgado, interdicto, criminalizado, comercializado y si es necesario, prohibido, ha sobrevivido el tiempo.

Todavía a menudo el cuerpo de una mujer no es independiente , si no que es el símbolo de una ideología, religión, ideal de belleza o enfermedad. Una mujer delgada simboliza la anorexia, una con un velo el islám, una con los pechos operados la obsesión por la belleza física, una subida de peso, según qué tan atractiva es, una modelo “plus size” o una diabética.

Normalmente se prohiben los malos estilos de vida luchando contra al cuerpo que lo representa y quitándole todo derecho a privacidad. No se tiene que proteger al cuerpo del público, si no al público del cuerpo. Se ridiculiza a las mujeres que se hacen operaciones de belleza, aquellas con velo son escupidas, las muy delgadas deben desaparecer de la pasarela y las gordas desaparecer en el aire.

El llamado por cuerpos femeninos normales en los medios y publicidad puede ser bien intencionado, pero en realidad, es la más nueva forma del ancestral principio por el cual sólo las mujeres decentes tienen derecho a integridad en un ambiente público, y decente quiere decir saludable, fertil, natural, de peso normal, no hyperserxualizados y no muy recatados. La justificación es hoy a la misma de antes: No tenemos nada encontra de estas mujeres, si no en contra de esta o aquella ideología.

Prohibir el traje

¿ Pero acaso se combaten las ideologías quitando a las mujeres su derecho de opinar y convirtiéndolas en víctimas, las cuales deben alcanzar su emancipación perversamente a través de una proscripción pública, tal cual, como antes se quería educar a las mujeres sospechozas de practicar la prostitución a través de un trato degradante? La pregunta de Josephine Butlers se podría aplicar en varios ejemplos hoy en día: ¿ Por qué se ve el físicoculturismo masculino, incluido el abuso de anabólicos, como una decisión personal, y en el mejor de los casos como una tontera irisoria, y el femenino como el síntoma de una patología a gran escala?

¿Por qué no se les prohibe el tránsito a aquellos que llevan un traje de negocios, si con eso se le da un mal ejemplo a los jóvenes al impulsarlos a seguir una vida insalubre por los esfuerzos dañinos que hacen estos para alcanzar sus metas laborales? Una prohibición de la burka no va a impedir la extensión del islam, como tampoco la prohibición de modelos muy delgadas puede evitar la anorexia.

Tampoco aquella ley en la inglaterra victoriana logró detener ni la prostitución ni las enfermedades de transmisión sexual y fue derogada tras intensas protestas de los movimientos feministas. Hoy en día la sífilis no se combate más con moral, si no con antibióticos.

Publiziert Februar 2016
Erstveröffentlichung (Originalartikel): Mai 2015 (Tagesanzeiger)